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Barreda Moller escribe...

Copyright versus copyleft: creative commons y obras huérfanas

En la llamada “sociedad de la información”, las nuevas tecnologías han facilitado exponencialmente la creación, distribución y manipulación de la información, comprendiendo en este proceso la reproducción, distribución y comunicación pública de obras protegidas por los Derechos de Propiedad Intelectual. La digitalización, la Internet, los Bulletin Board Systems (BBS), los hipervínculos, el intercambio de archivos a través de redes peer to peer (P2P) y los web blocks permiten el acceso global y en cualquier momento, a las obras intelectuales, trastocando las facultades de explotación económica de los titulares de los derechos de autor, redefiniendo los conceptos tradicionales de “reproducción”, “distribución” y “comunicación pública” y generando cambios en las excepciones y limitaciones a los derechos de Propiedad Intelectual.

Tales son las perturbaciones ocasionadas por las nuevas tecnologías e internet respecto de las facultades de explotación económica de los titulares de los derechos de autor, que hay quienes sostienen que, en el ámbito digital, la circulación de la información, comprendiendo dentro de ella a las obras protegidas por el derecho de autor, debería ser libre, dando lugar al surgimiento de la corriente de pensamiento denominada de la “Cultura Libre” que ciertamente menoscaba los derechos de Propiedad Intelectual y bajo la cual surgieron movimientos tales como el Software Libre, el Copyleft, el Creative Commons, el Dominio Público extendido y dentro de este último, las “Obras Huérfanas”, todos los cuales que en buena cuenta proponen un especie de “Dominio Público de facto” en el que se permite el uso y acceso libre –y en algunos casos irrestricto- a las obras intelectuales que en esta esfera circulan.

Y claro, tradicionalmente, el derecho de autor ha concedido en favor de su titular un derecho exclusivo –entiéndase monopolio- a la explotación patrimonial de las creaciones intelectuales pero que es limitado en el tiempo, a fin de establecer un justo equilibro entre los intereses de los autores de percibir los frutos de su trabajo y los intereses de la sociedad de aprovechar los conocimientos contenidos en las creaciones intelectuales en beneficio de la sociedad, el progreso cultural y educativo y el sano esparcimiento. Más, en el ámbito de las nuevas tecnologías e internet este monopolio es cuestionado y nuevos límites y excepciones pretenden ser y son fijados en función al replanteo de este delicado y sutil equilibrio entre los intereses de los autores y los intereses de la sociedad.

Los partidarios del uso libre e irrestricto de la información en el ámbito digital, comprendiendo dentro de ella a las obras protegidas por el derecho de autor, propugnan y promueven licenciamientos acordes con este pensamiento de “cultura libre”, tales como el software libre, las licencias “copyleft”, las “creative commons” y el dominio público “extendido” o “de facto”. El “copyleft” cuyo término se contrapone al del inglés “copyright” se vale del propio derecho de autor pero para autorizar y permitir la libre reproducción, distribución y comunicación pública de una obra intelectual y la libre modificación, variación y transformación de aquella bajo los mismos términos, esto es que la obra modificada, variada o transformada sea igualmente libre de reproducir, distribuir, modificar, variar, transformar o comunicar públicamente, produciendo lo que se suele llamar en este ámbito un efecto viral. Aunque el término “copyleft” nació vinculado al desarrollo del software libre y al movimiento liderado por Richard Stallman que lo propugnó, actualmente se ha extendido a otras categorías de obras literarias, musicales o artísticas.

El “copyleft” en cuanto concepto genérico engloba varios tipos de licencias formalizadas jurídicamente, entre ellas la “GNU General Public License” a la que se acogen la gran mayoría de programas de software libre, entre ellos Linux, que fue uno de los primeros proyectos de este tipo en acogerse a esta nueva forma de crear y distribuir programas informáticos y que como hemos señalado, se ha extendido para abarcar otras categorías de obras intelectuales. Otra corriente, nacida de las entrañas del “Copyleft” fue la licencia Creative Commons la cual ha logrado extender los conceptos de creación colaborativa, compartida y horizontal surgidos en el ámbito del software de código abierto, en el ámbito de la creación musical, en el ámbito de la creación artística y en el ámbito literario o académico en general. La popularidad del movimiento Creative Commons, fundado por Lawrence Lessing, radica principalmente en lo contagioso que resulta la idea de usar libremente y sin mayores límites las obras intelectuales en el ámbito digital con el objeto de que todos puedan crear y compartir los conocimientos de forma abierta y sin barreras y, por otro lado, en que la extensión de las licencias Creative Commons no se debe sólo a los esfuerzos de sus campañas de comunicación, sino también a que se han ocupado de adaptar jurídicamente estas licencias a la legislación de cada país.

En todos los casos mencionados de licencias de Licencias de Software Libre, Copyleft o Creative Commons se dan matices que van desde establecer que el autor, renuncia a todo derecho sobre la obra que ha creado poniendo la obra en el Dominio Público hasta matices más restringidos en que se establecen algunas restricciones para el uso comercial de la obra intelectual o inclusive algunas limitaciones a la reproducción, distribución y comunicación pública como por ejemplo a la facultad de adaptar o modificar la obra intelectual. Más, en líneas generales, se caracterizan por ser licencias gratuitas, de ámbito geográfico mundial y no exclusivas; no requieren registro alguno; contienen una cláusula que restringe el uso del nombre del autor o autores que han creado o contribuido a realizar la obra intelectual avalando posteriores modificaciones o variaciones de esta; obligan a que las obras intelectuales se licencien en los mismos términos que la obra originaria; y el único derecho de autor que respetan es el derecho moral de paternidad.

En la misma línea de pensamiento inspirada en la “cultura libre” en el ámbito digital, es donde aparece la noción de lo que estamos denominando “Dominio Público extendido” o “de facto” en el que surge la propuesta del concepto “Obras Huérfanas”. Junto a las obras respecto de las cuales ha expirado el plazo de protección legal y aquellas que no reúnen los requisitos impuestos por la ley para ser protegidas –como por ejemplo las obras no originales, aquellas que establecen procedimientos, métodos, conceptos matemáticos o expresan ideas o simples hechos o datos o noticias del día o los textos oficiales de carácter legislativo, judicial o administrativo- que normalmente se consideran pertenecientes al tradicionalmente entendido “Dominio Público”, se agregan aquellas obras que son puestas en el Dominio Público por expresa voluntad del titular del derecho mediante licencias Copyleft o Creative Commons y Software Libre y a su turno aquellas obras intelectuales que, no obstante estar protegidas por los derechos de autor, su utilización sin la autorización previa del titular del derecho se encuentra legalmente permitida y que en la práctica implican una excepción o limitación al derecho de autor. Este es el caso de las así denominadas “Obras Huérfanas”, esto es, aquellas cuyo titular del derecho no ha sido identificado o que, aunque haya sido identificado, no se haya podido localizar tras una búsqueda diligente.

La propuesta de crear un marco jurídico para las llamadas “Obras Huérfanas” surge en la Comunidad Europea a iniciativa de los diversos afectados por la digitalización y accesibilidad en línea de material cultural quienes enfrentaban dificultades para la obtención de los derechos de autor para la utilización y puesta a disposición del público de las obras intelectuales cuyo autor no podía ser identificado o localizado. En el mundo digital las obras intelectuales son puestas en línea a disposición de un amplísimo público, incluyendo aquellas protegidas por los derechos de autor. Más no siempre es posible identificar al titular del derecho o, aunque es posible identificarlo, no resulta posible localizarlo a fin de obtener las autorizaciones necesarias para la utilización de su obra en el entorno online. Por ello, para cumplir fines educativos y culturales y favorecer la conservación y accesibilidad en línea de material cultural en provecho de la sociedad, se propone permitir la digitalización y puesta a disposición del público de estas obras intelectuales sin requerir la autorización previa del autor.

Ahora bien, esta excepción o limitación al derecho de autor no es ni debe ser irrestricta. Debe de estar sujeta a ciertos parámetros y requisitos en cuanto a las personas a quienes se permite reproducir las obras huérfanas (bibliotecas, archivos, museos, centros de investigación); las categorías de obras que estarán comprendidas bajo la consideración de ”obras huérfanas” (libros, revistas, periódicos, impresos, obras audiovisuales, obras musicales, etc.); el requisito de realizar una búsqueda “diligente” y de buena fe del autor; y los criterios mínimos a seguir para que esta búsqueda se entienda haya sido diligente, tales como revisar ficheros y catálogos de obras, depósitos legales oficiales, base de datos de entidades de gestión colectiva, entre otros; y establecer los usos autorizados para las obras huérfanas como la reproducción y puesta a disposición del público con fines de interés público y difusión cultural y educativa y propósitos no comerciales.

Como conclusión, creemos que en esta propuesta y en cualquier otra que implique una excepción o limitación al derecho de autor, debe seguirse la llamada regla de los tres pasos establecida como principio en la esfera de los derechos de autor en el sentido que toda limitación o excepción al derecho exclusivo del autor debe circunscribirse a determinados casos especiales, siempre que no atenten contra la explotación normal de la obra y siempre que no se perjudique injustificadamente los intereses legítimos del titular de los derechos (contenido en el art. 9.2 del Convenio de Berna y art. 13 del TRIPs).

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